<?xml version="1.0" encoding="utf-8"?>
<!DOCTYPE article
  PUBLIC "-//NLM//DTD JATS (Z39.96) Journal Publishing DTD v1.1 20151215//EN" "https://jats.nlm.nih.gov/publishing/1.1/JATS-journalpublishing1.dtd">
<article article-type="interview" dtd-version="1.1" specific-use="sps-1.9" xml:lang="es" xmlns:mml="http://www.w3.org/1998/Math/MathML" xmlns:xlink="http://www.w3.org/1999/xlink">
	<front>
		<journal-meta>
			<journal-id journal-id-type="publisher-id">enclav</journal-id>
			<journal-title-group>
				<journal-title>En-claves del pensamiento</journal-title>
				<abbrev-journal-title abbrev-type="publisher">En-clav. pen</abbrev-journal-title>
			</journal-title-group>
			<issn pub-type="ppub">1870-879X</issn>
			<issn pub-type="epub">2594-1100</issn>
			<publisher>
				<publisher-name>Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Monterrey, División de Humanidades y Ciencias Sociales</publisher-name>
			</publisher>
		</journal-meta>
		<article-meta>
			<article-id pub-id-type="publisher-id">00006</article-id>
			<article-categories>
				<subj-group subj-group-type="heading">
					<subject>Entrevista y reflexiones</subject>
				</subj-group>
			</article-categories>
			<title-group>
				<article-title>La ética del cuidado para resignificar la ciudadanía. Una conversación con Irene Comins<xref ref-type="fn" rid="fn1"><sup>*</sup></xref>
				</article-title>
				<trans-title-group xml:lang="en">
					<trans-title>The Ethics of Care to Resignify Citizenship. A Conversation with Irene Comins</trans-title>
				</trans-title-group>
			</title-group>
			<contrib-group>
				<contrib contrib-type="author">
					<name>
						<surname>Cepeda-Mayorga</surname>
						<given-names>Ivón</given-names>
					</name>
					<xref ref-type="aff" rid="aff1">**</xref>
				</contrib>
				<contrib contrib-type="author">
					<name>
						<surname>Echenberg</surname>
						<given-names>Margo</given-names>
					</name>
					<xref ref-type="aff" rid="aff2">***</xref>
				</contrib>
				<contrib contrib-type="author">
					<name>
						<surname>Ortiz Stern</surname>
						<given-names>Adriana</given-names>
					</name>
					<xref ref-type="aff" rid="aff3">****</xref>
				</contrib>
			</contrib-group>
			<aff id="aff1">
				<label>**</label>
				<institution content-type="original">Profesora del Tecnológico de Monterrey (Campus Santa Fe), correo electrónico: icepeda@tec.mx.</institution>
				<institution content-type="normalized">Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Monterrey</institution>
				<institution content-type="orgname">Tecnológico de Monterrey</institution>
				<country country="MX">Mexico</country>
				<email>icepeda@tec.mx</email>
			</aff>
			<aff id="aff2">
				<label>***</label>
				<institution content-type="original">Profesora del Tecnológico de Monterrey (Campus Ciudad de México), correo electrónico: mechenberg@tec.mx.</institution>
				<institution content-type="normalized">Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Monterrey</institution>
				<institution content-type="orgname">Tecnológico de Monterrey</institution>
				<addr-line>
					<city>Ciudad de México</city>
				</addr-line>
				<country country="MX">Mexico</country>
				<email>mechenberg@tec.mx</email>
			</aff>
			<aff id="aff3">
				<label>****</label>
				<institution content-type="original">Profesora del Centro de Diseño, Cine y Televisión (CENTRO), correo electrónico: aortizs@centro.edu.mx.</institution>
				<institution content-type="orgname">Centro de Diseño, Cine y Televisión</institution>
				<email>aortizs@centro.edu.mx</email>
			</aff>
			<pub-date date-type="pub" publication-format="electronic">
				<day>10</day>
				<month>01</month>
				<year>2020</year>
			</pub-date>
			<pub-date date-type="collection" publication-format="electronic">
				<season>Jul-Dec</season>
				<year>2019</year>
			</pub-date>
			<volume>13</volume>
			<issue>26</issue>
			<fpage>117</fpage>
			<lpage>124</lpage>
			<permissions>
				<license license-type="open-access" xlink:href="https://creativecommons.org/licenses/by-nc/4.0/" xml:lang="es">
					<license-p>Este es un artículo publicado en acceso abierto bajo una licencia Creative Commons</license-p>
				</license>
			</permissions>
			<counts>
				<fig-count count="0"/>
				<table-count count="0"/>
				<equation-count count="0"/>
				<ref-count count="0"/>
				<page-count count="8"/>
			</counts>
		</article-meta>
	</front>
	<body>
		<p>En diciembre de 2018, la filósofa española Irene Comins (Universitat Jaume I) visitó el Campus Ciudad de México del Tecnológico de Monterrey, invitada por la Cátedra UNESCO de Ética, Cultura de paz y Derechos Humanos del Tecnológico de Monterrey. Durante tres días impartió el seminario <italic>Filosofía del Cuidar: Una Propuesta Coeducativa para la Paz</italic>, como parte del proyecto de investigación<italic>Pensar la paz como ideal moral desde la tradición filosófica</italic>, financiado por Conacyt (Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología) y dirigido por la Dra. Dora Elvira García González.</p>
		<p>Al finalizar la segunda de las jornadas del seminario, tres profesoras tuvieron la oportunidad de conversar con Irene sobre sus temas de investigación. Esta conversación tuvo lugar la tarde del martes 11 de diciembre de 2018.</p>
		<p><bold>Ivón Cepeda-Mayorga:</bold> Hola Irene, me llama la atención cómo todo el discurso de la
			ética del cuidado hace eco de manera más fácil y sencilla quizás en la parte individual,
			y un poco más en la parte laboral, pero al hacer el brinco a la parte cívica, creo que
			empieza a tener mayor dificultad. Sobre todo, porque el entramado ético y social está
			anclado en una visión de justicia, una visión de competencia y una visión de poder.
			Entonces, si nosotros hemos aprendido desde esas visiones a vivir y convivir, ¿de qué
			forma podríamos ir cambiando o proponiendo un cambio sistemático en esta vida cívica, en
			esta convivencia cívica con el otro?</p>
		<p><bold>Irene Comins:</bold> Efectivamente sí, muchas autoras han señalado que la ética del
			cuidado parece que se circunscribe al espacio privado. Y más recientemente, algunas
			autoras están trabajando en sus contribuciones para resignificar el concepto de
			ciudadanía y la política. Pero yo creo que realmente no hay tal dicotomía entre privado
			y público; yo creo que el cuidado sí ha estado de algún modo nutriendo la sociedad
			civil, porque las mujeres sí que han participado en la sociedad civil, aunque
			efectivamente desde la política informal. Vemos en los movimientos pacifistas, sociales,
			ecologistas, y a lo largo de la historia, cómo las mujeres se han involucrado en las
			sociedades en las que han vivido, más allá del espacio privado, por el bienestar de las
			personas y de la naturaleza, y en ese sentido, hacían ciudadanía. Hasta ahora nos hemos
			quedado en un concepto de ciudadanía muy centrado en la visión masculina, en el poder
			formal, en la política formal, pero, de algún modo, la ética del cuidado ha ido
			nutriendo desde esa contribución y ese legado de las mujeres a la política informal, a
			la sociedad civil. </p>
		<p><bold>Ivón Cepeda-Mayorga:</bold> ¿Cómo podemos entonces compaginar este modelo cívico de
			justicia con esta ética del cuidado? </p>
		<p><bold>Irene Comins:</bold> Claro, yo creo que simplemente se trata de combinarlos. El modelo de
			la justicia, el principio de los derechos, es fundamental. Pero podemos enriquecerlo
			desde la visión de los cuidados. La visión del mundo de la justicia parte de los
			derechos, mientras que la visión del mundo desde el cuidado parte de las
			responsabilidades. Éste me parece un aporte muy importante para el concepto de
			ciudadanía. Ser ciudadano no sólo debería consistir en reivindicar derechos, sino que
			también deberíamos añadir la dimensión de la responsabilidad y el compromiso con los
			otros, a partir de la vinculación, la conexión y la preocupación por el bien de todos y
			de la naturaleza. Y eso es realmente la ciudadanía participativa, no sólo es
			manifestarse para reindivicar los derechos de uno. Entonces, por un lado, la perspectiva
			de la justicia es fundamental y tenemos que seguir nutriéndola y reforzarla pero, al
			mismo tiempo, ampliarla con la perspectiva de la responsabilidad del sujeto vinculado,
			del sujeto conectado. Y diríamos que la solidaridad, la empatía, no deberían de estar en
			el margen de la política, sino en el mismo centro también de la política. Con esto
			podríamos resignificar y cambiar lo que entendemos por ciudadanía.</p>
		<p><bold>Ivón Cepeda-Mayorga:</bold> Lo que entonces exigiría una política distinta, una política
			más interpersonal en este sentido y mucho más dinámica.</p>
		<p><bold>Irene Comins:</bold> Claro, la ética del cuidado contribuye a desafiar algunos principios
			del patriarcado, y en el patriarcado está todo, está la misma política. Por lo tanto,
			estamos hablando de resignificar cómo entendemos la política, la gestión de la
				<italic>polis</italic>, la gestión de la ciudad. Es decir, vamos enriquecerla con
			esos principios y a resignificarla y a modificarla.</p>
		<p><bold>Ivón Cepeda-Mayorga:</bold> En este sentido tu propones un modelo muy dinámico, mucho más
			relacional, de mayor movimiento y no tan estático.</p>
		<p><bold>Irene Comins:</bold> Exacto, la ética del cuidado es dinámica y relacional, se hace con
			el otro, es experiencial, no es de principios inamovibles, sino que se testa con la
			experiencia también. Entonces para el ámbito público puede ser muy rica.</p>
		<p><bold>Margo Echenberg:</bold> Tengo una pregunta relacionada con la concepción de Carol
			Gilligan de pensar la ética del cuidado como una ética feminista. Esto se entiende al
			pensar el feminismo como una forma de resistencia, no como ahora se mal entiende el
			feminismo, sobre todo en redes sociales, como ira y enojo. ¿De qué manera podemos pensar
			la ética del cuidado como una ética feminista? </p>
		<p><bold>Irene Comins:</bold> La ética del cuidado puede entenderse como una ética feminista, como
			bien dices. Muchas veces se le criticaba a Carol Gilligan porque puede parecer que la
			ética del cuidado trata de poner en valor estas experiencias que habían servido para
			mantener subordinadas a la mujer, y que era una visión retrógrada, y ella lo hace muy
			bien en varios textos en que responde a sus críticos; y responde que es radicalmente
			feminista porque desafía los principios del patriarcado en sus bases. Está el hecho de
			que el cuidado es importante y que el cuidado debe de ser compartido. Pero el cuidado ha
			sido asignado a la mujer para tenerla sometida al espacio privado, como un trabajo
			invisibilizado, no renumerado o mal pagado. Lo que estamos haciendo ahora es poner a la
			luz pública ese cuidado y reivindicar que eso debería ser un valor humano, reivindicar
			por qué eso lo debemos de compartir; el patriarcado se construye en esa desigual
			distribución del cuidado y es en eso en lo que estamos poniendo el dedo en la llaga
			cuando hablamos de la ética del cuidado. Yo sí creo que es radicalmente feminista. Vemos
			hoy día movimientos migratorios en que muchas mujeres emigran para atender cuidados,
			cuidados del hogar y de crianza de hijos que no son los suyos, a los que han debido
			dejar atrás en su país de origen. La ética del cuidado desafía los principios del
			patriarcado y los principios del capitalismo al poner en la luz pública el debate sobre
			qué ocurre con los cuidados, quién los realiza, quién cuida a quien. </p>
		<p><bold>Adriana Ortiz Stern:</bold> Tengo una pregunta en relación con la construcción de paz,
			porque es un tema que me interesa mucho. Hablabas [en el seminario] de que hay ciertos
			ejemplos de sociedades pacíficas y, entre esos ejemplos, ¿podemos encontrar algunas
			prácticas pacíficas relacionadas con el cuidado?</p>
		<p><bold>Irene Comins:</bold> Es una buena pregunta. La antropología para la paz es una
			subdisciplina bastante reciente que viene desde dentro de la antropología en diálogo con
			los estudios para la paz y que dice: dejemos de estudiar solamente la violencia y
			busquemos también estudiar las experiencias de paz. Leslie E. Sponsel, Douglas P. Fry…
			hay varios investigadores -por cierto, son mayoritariamente hombres- que están
			estudiando las aproximadas ochenta sociedades que hay en el mundo ya calificadas, o muy
			sintomáticas, de ser pacíficas. En las que hay conflictos -porque el conflicto es
			natural en el ser humano y la sociedad- pero que siempre se transforman de manera
			mayoritariamente pacífica. La verdad es que los resultados sobre el cuidado no señalan
			tanto porque, por ejemplo, en las tribus del Rio Xingú en Brasil, que es una de las
			sociedades más pacificas de las que se conocen, los estudios señalan que esto tiene
			mucho que ver con los valores culturales. Entonces, bueno, podríamos pensarlo juntas;
			los valores culturales de esta tribu, por ejemplo, ensalzan, sobre todo, la calma y la
			serenidad. Ellos piensan que perder el control es la mayor fuente de vergüenza, da
			auténtica vergüenza perder el control, perder el autocontrol. Su palabra para guerrero
			significa aquel que cuya máxima virtud es perder el autocontrol. Para ellos, la calma y
			la serenidad es más importante y eso hace que transformen los conflictos de manera
			pacífica. Aparte de otros principios un poco más místicos o irracionales: piensan que si
			hacen sangrar a alguien, caerán gravemente enfermos y lo somatizan hasta el punto de que
			caen realmente enfermos. Pero sí que es cierto que no sé hasta qué punto se ha estudiado
			el cuidado. Ahí lo único que habría es la obra de Margaret Mead quien, incluso antes de
			los antropólogos para la paz, descubre en estudios antropológicos que hay una
			correlación: en sociedades donde los roles de género están poco polarizados, las
			sociedades son más pacíficas, mientras que en las sociedades en que los roles están más
			polarizados, son sociedades más violentas. Pero tampoco entra ahí a descubrir si esto se
			debe al cuidado. Ahí hay un campo para estudiarlo.</p>
		<p><bold>Margo Echenberg:</bold> Sí, ahí resalta mucho el valor cultural. Pensé justo que en
			nuestras culturas la agresividad es algo que se valora y celebra. Un ejemplo muy
			evidente es el de Brett Kavanaugh, que fue nombrado juez de la Suprema Corte en los
			Estados Unidos. Una mujer da su testimonio de haber sido agredida sexualmente por él
			hace muchos años. Ella mantiene la calma, es muy respetuosa, nunca levanta la voz, todo
			el mundo celebra el gran testimonio que da. Él, en contra, hace un berrinche; grita,
			llora. Pero culturalmente, en cuanto a los valores, a todo mundo le pareció normal que
			él insultara y gritara. Pensé entonces en esta otra cultura donde se ensalza la calma,
			porque eso te ayuda a fortalecer relaciones más pacíficas entre personas, en vez de
			naturalizar una relación de agresividad.</p>
		<p><bold>Irene Comins:</bold> En el libro <italic>Los ángeles que llevamos dentro. El declive de
				la violencia y sus implicaciones</italic>, Steven Pinker dice que vivimos en una
			sociedad, en un mundo más pacífico. Es un libro que ha tenido su controversia y debate;
			él apunta algunos de los elementos que están haciendo que vivamos en sociedades más
			pacíficas. Él señala, para contribuir un poco a lo que estabas diciendo, que la
			creciente feminización conduce a sociedades más pacíficas. Esos valores que
			tradicionalmente se asignan a las mujeres como la calma y serenidad, si también lo
			comparten los hombres, crean una sociedad más pacífica.</p>
		<p><bold>Ivón Cepeda-Mayorga:</bold> Pero el proceso de feminizar a la sociedad no es un proceso
			sencillo, al contrario. Y ya lo comentaba en su momento Rita Laura Segato: al momento de
			tratar de valorizar las diferentes cualidades femeninas, el sector que tiene el poder se
			va a volcar a tratar de evitarlo y a tratar de llevarlo mucho más atrás de donde estaba
			en un inicio, porque el poder no va a ceder fácilmente. </p>
		<p><bold>Irene Comins:</bold> Es cierto y es una lástima. Encontramos muchos movimientos
			reaccionarios, incluso movimientos claramente antifeministas pero, por otro lado,
			también tenemos la esperanza de que hay movimientos de grupos por la igualdad,
			movimientos de nuevas masculinidades y nos damos cada vez más cuenta de que también
			encontramos hombres que están caminando hacia la libertad de todos y que es positivo
			para todos. El feminismo como un nuevo humanismo que nos liberará a todos, a las mujeres
			y a los hombres.</p>
		<p><bold>Margo Echenberg:</bold> Tengo una pregunta que tiene que ver con la educación. Si bien
			veo factible y muy prometedora la forma de introducir prácticas en donde podemos romper
			con los roles de género dentro de las escuelas que coeducan, me preocupa cómo esas
			prácticas se pueden construir por encima de un currículum que tiene otros valores como
			la competencia. Entonces, ¿qué pasa cuando tratamos de introducir prácticas, pero el
			currículum base es androcéntrico? Una pregunta muy relacionada con esa: ¿qué pasa cuando
			se vacían los contenidos? Por ejemplo, el mentoreo puede ser un cuidado si lo llevamos
			bien, pero si mentoreamos para ganar el otro o hacemos el <italic>coaching</italic> para
			sobresalir a costa de los otros… Entonces, ¿cómo tomar las ideas y los valores de la
			ética del cuidado para revertir esos valores de competencia en la educación?</p>
		<p><bold>Irene Comins:</bold> Ahí abogaría por la idea de la paz imperfecta. Está claro que será
			difícil hacer un cambio automático en el sentido de que la escuela coeducativa sea
			perfecta y el centro también actúe con estos nuevos criterios. Tenemos que ser pacientes
			y reconocer las experiencias que se van haciendo bien, aunque el resultado no sea
			perfecto; pero ponerlas en valor para que se multipliquen y ser críticos de aquello que
			no está bien para ir mejorándolo. No podemos descartar una experiencia porque no sea
			perfecta. Se trata de ir poco a poco y de manera paciente en nuestros temas de paz, no
			queda otra porque los cambios drásticos más bien son peligrosos a veces u ocultan algo.
			Luego, aquí lo interesante que me gustaría señalar es que la coeducación no son
			solamente actividades puntuales del centro, sino que también podemos hablar de
			currículum “serio”. Por ejemplo, hay autoras que señalan que podemos introducir el
			cuidado en todas las dimensiones de la educación y en todas las materias. En materias
			que pueden parecer tan extrañas para esto como la química. Hay algunas propuestas de
			pedagogas catalanas que dicen que, en lugar de practicar la química en el laboratorio,
			pues la practiquemos en la cocina; en la cocina hay muchos fenómenos como, por ejemplo,
			cómo se liga el ajoaceite o cómo ocurren una cosa u otra. Se trata de introducir de
			manera natural el cuidado en todo el currículum y en las practicas del centro, como tú
			bien señalabas. En cómo evalúa el centro, cómo se gestionan los residuos…podemos
			introducir el cuidado desde muchas dimensiones y luego, también, estas actividades de
			los tutores, los mentoreos que decías. Pero que no sea para sacar más puntos, sino por
			querer realizar esa experiencia. Cuando tutorizo a alumnos que acaban de entrar en el
			centro, esa experiencia de cuidarles, de acompañarles, me resulta muy grata, porque
			refuerzo mis estudios, repaso mis contenidos, refuerzo mi autoestima porque me siento
			útil, valiosa para otros, que me escuchan, en eso tenemos que hacer el hincapié, no en
			otros valores. Pero es cierto que la competitividad del sistema neoliberal en la
			educación es muy fuerte y que, por tanto, la transición no está fácil. Tendremos que ir
			caminando y visibilizando, poniendo en valor las buenas prácticas, me parece fundamental
			para que puedan hacer semillas, ejemplos que otras personas puedan reproducir.</p>
		<p><bold>Margo Echenberg:</bold> Me parece fundamental para fortalecer la relación escuela,
			colegio, familia, porque siento que cada vez están más atomizados estos ámbitos, y vemos
			las dos direcciones: por un lado, los maestros dicen que no están llegando lo
			suficientemente educados, pero también vemos actitudes de padres que piensan que son las
			escuelas las que deben educar. Digamos que sí necesitamos esos lazos y que estén en
			comunicación. La ética del cuidado es una forma de abrir esa posibilidad para que el
			mensaje se comunique en los dos espacios. Pensando en otro ámbito, han intentado
			trabajar esto con el problema de la obesidad infantil en México. En las escuelas están
			intentando educar a los niños sobre el consumo del azúcar para que lleven a casa el
			mensaje de reducir productos como el refresco. Hay que pensar en la ética del cuidado
			como en un puente excepcional.</p>
		<p><bold>Irene Comins:</bold> Claro, además trata de introducir el mundo de la vida en el
			currículum. Muchas veces hemos puesto en el currículum cosas que ahora deberíamos
			revisar: ¿para qué nos debemos de saber de memoria la tabla periódica de química? Lo que
			debemos de enseñar a los alumnos es a saber buscar esa información, porque está
			accesible en un mundo de nuevas tecnologías. A lo mejor lo que necesitamos justamente
			son los saberes del vivir y convivir, los de la razón práctica y no tanto los de la
			razón teórica. Y en eso, la ética del cuidado es fundamental y nos puede ayudar a romper
			las fronteras entre el espacio de la escuela y el espacio del hogar.</p>
		<p><bold>Ivón Cepeda-Mayorga:</bold> Y también la visión de la comunidad. Me refiero a pensar la
			ética del cuidado que promueve esta visión del cuidado de la vida, de la naturaleza, de
			nosotros con el ambiente, de cómo nos desarrollamos con el ambiente, con el bien común. </p>
		<p><bold>Adriana Ortiz Stern:</bold> Y tiene de fondo la intención de la escuela, de las tres
			escuelas; segregada, mixta, coeducativa, ¿cuál es la intención de fondo? La intención de
			educar para ciertas cosas. Si tienes ya clara que la intención de tu escuela es la de
			educar para romper estos roles de género, para educar para la paz, pues las prácticas
			tienen que cambiar, porque tienen que estar alineadas con esa intención que está de
			fondo; y la ética del cuidado, en ese sentido, ayuda a llevar a cabo la intención y a no
			quedarte sólo en la intención. </p>
		<p><bold>Irene Comins:</bold> Bueno ahí me gusta mucho Virginia Wolf, ella se pregunta: ¿cómo será
			esa nueva escuela que queremos? ¿qué nos enseñará? ¿las artes de dominar, matar y de
			acumular tierras o las artes de la humana relación?. Y yo creo que justamente una
			escuela en la que se introduzca el cuidado de unos y otros y de la naturaleza, de manera
			desgenerizada, pues nos ayuda a conseguir esa escuela en la que se cultive la humana
			relación, los saberes de la humana relación.</p>
	</body>
	<back>
		<fn-group>
			<fn fn-type="other" id="fn1">
				<label>*</label>
				<p>Entrevista transcrita por Paloma Durán.</p>
			</fn>
		</fn-group>
	</back>
</article>