López Cruz Juana Yolanda
Matadamas Ortiz Pastor Teodoro
Luna Fuentes Armando
Conocimiento tradicional y redes expertas en la producción de mezcal en Oaxaca: un análisis desde las comunidades de práctica y las comunidades epistémicas
En-claves del pensamiento
Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de MonterreyLa elaboración de mezcal en Oaxaca está basada en conocimientos heredados durante generaciones relacionados con la experiencia de las personas productoras y la vida comunitaria. En los últimos años, la demanda de esta bebida ancestral, el cumplimiento de normas regulatorias, la certificación y la estandarización para acceder a mercados formales ha transformado las formas de producción, validación y transmisión del conocimiento en la cadena de valor maguey-mezcal. Este estudio tiene como objetivo analizar la relación entre las formas de conocimiento en la elaboración de mezcal en las comunidades de los Valles Centrales de Oaxaca, a través de una investigación cualitativa con enfoque etnográfico que incluyó entrevistas a personas productoras y actores clave, observación participante en palenques y revisión documental. Los resultados muestran que un grupo de personas productoras de mezcal operan en mayor medida bajo el aprendizaje colectivo y con arraigo comunitario, propios de las comunidades de práctica; y otro grupo que partiendo de esa base se relaciona con redes de conocimiento técnico, normativo y científico, cercanas a las comunidades epistémicas. En la elaboración de mezcal se articulan distintas formas de aprendizaje que abren posibilidades para innovaciones inclusivas, pero también crean desigualdades en el acceso a mercados, en la certificación o en reconocer la legitimidad del saber. Finalmente, se propone comprender la gobernanza del conocimiento en la cadena de valor maguey-mezcal como un sistema donde convergen múltiples formas de saber, de legitimación y tensiones por la calidad, la autenticidad y la tradición de esta bebida ancestral.

			La producción de mezcal con técnicas artesanales en las comunidades de los Valles Centrales de Oaxaca es una actividad económica y cultural que forma parte de la vida cotidiana de las personas que lo producen y que se ha transmitido generación tras generación a través de la práctica diaria en el palenque. En ese espacio, el conocimiento se adquiere haciendo mientras se rasura el agave, se prepara el horno para la cocción, se lleva a cabo la molienda, se procede a la fermentación o en el momento de la destilación. Ese conocimiento, que suele llamarse tradicional, no es un conjunto de fórmulas fijas, es una manera de comprender el territorio, interpretar el crecimiento de las plantas de maguey, observar las condiciones del clima -la lluvia, el suelo, el calor y la humedad- y tomar decisiones desde la experiencia acumulada.

			

				

				

					
En los últimos años, el mezcal ha pasado de ser una bebida que se toma únicamente en las festividades de la comunidad o se regala entre vecinos, para convertirse en un producto que se comercializa dentro y fuera del país, por ende, este sistema de producción se hizo más dinámico e introdujo nuevas reglas. En esta vertiente, la Denominación de Origen Mezcal, la certificación, los controles de calidad y las normas oficiales buscan ordenar y garantizar lo que entra y sale de los palenques de mezcal.

			

				

				

					
Este artículo se sustenta en la idea de que hoy, en la cadena de valor maguey-mezcal, se encuentran dos maneras distintas de producir y validar el conocimiento. Por un lado, la que nace del hacer diario en los palenques, del aprendizaje situado y de la relación comunitaria entre las personas, propio de las comunidades de práctica, descritos como procesos sociales que surgen mientras se participa en una actividad compartida.

			

				

				

					
La relación entre estos conocimientos no debe entenderse como una transición de lo tradicional a lo técnico, pues se trata de una interacción mediada por procesos de traducción, negociación y disputa, en los que distintos actores de la cadena de valor buscan ligar los saberes situados del palenque de mezcal interiorizados por los maestros y maestras mezcaleras con los mecanismos normativos, científicos y comerciales. Esta idea propone que el conocimiento tradicional se transforma cuando debe expresarse en formatos técnicos, bitácoras, criterios de trazabilidad o parámetros de calidad exigidos por mercados formales.

			

				

				

					
El problema central no consiste únicamente en la existencia de distintas formas de conocimiento, sino en los modos en que estas se articulan, entran en tensión y se legitiman dentro de un mismo sistema productivo. Diversos estudios han destacado el carácter adaptativo, dinámico y territorial del conocimiento tradicional, así como su importancia para la gestión de recursos naturales, la producción agroalimentaria y la reproducción cultural de las comunidades locales. No obstante, sigue siendo limitada la comprensión de mecanismos específicos a través de los cuales dichos regímenes de conocimiento interactúan en la práctica, particularmente en contextos donde las demandas del mercado se sobreponen a las formas de producción y aprendizaje comunitario.

			

				

				

					
Algunos estudios sobre sistemas agroalimentarios destacan la importancia del saber tradicional y otros subrayan la necesidad de la profesionalización y certificación para acceder a mercados más amplios.

			

				

				

					
El objetivo de este artículo es analizar la manera en que se articulan las comunidades de práctica y las comunidades epistémicas en la producción artesanal de mezcal en los Valles Centrales de Oaxaca. A partir de un enfoque cualitativo con orientación etnográfica, se busca comprender las formas de interacción, mediación y tensión entre estos sistemas de conocimiento, así como sus implicaciones en la configuración de procesos productivos, en el acceso a mercados y en la definición de criterios de legitimidad. La literatura ha señalado que los procesos de institucionalización transforman los saberes tradicionales y generan nuevas formas que pueden ser tanto inclusivas como excluyentes.

			

				

				

					
El trabajo de campo se realizó en los municipios de Santiago Matatlán, Tlacolula de Matamoros y Villa Sola de Vega, perteneciente a los Valles Centrales de Oaxaca, e incluyó entrevistas a 22 personas productoras de mezcal y a 8 actores clave -verificadores, personas servidoras públicas, representantes del sistema producto maguey-mezcal del estado de Oaxaca-, así como observación participante en palenques de mezcal y revisión documental sobre normas, certificación, Denominación de Origen Mezcal y organización de la cadena de valor.

			Los resultados muestran que en el proceso de elaboración de mezcal el conocimiento se crea a partir de las actividades diarias, la convivencia en el palenque y otros que se producen desde las instituciones gubernamentales y no gubernamentales con base en criterios técnicos estandarizados. Esta coexistencia ha derivado en la diferenciación de trayectorias entre las personas productoras de mezcal, mientras un grupo permanece en los circuitos locales donde la legitimidad se sostiene en la experiencia y el reconocimiento comunitario, otro grupo lleva a cabo procesos de regulación, certificación y estandarización, por ende, incorporan nuevas herramientas sin abandonar las prácticas tradicionales heredadas.

			La interacción entre estos sistemas no es espontánea y puede estar mediada por actores clave -personas técnicas, asesoras y académicas- vinculados a la elaboración de mezcal, quienes traducen los distintos lenguajes de conocimiento, reinterpretan las prácticas tradicionales y, al mismo tiempo, acercan a los maestros y maestras mezcaleras al cumplimiento de requisitos normativos.

			Esa interacción abre posibilidades para entrar en mercados formales e introduce desigualdades debido a los costos de certificación, la complejidad administrativa y el acceso irregular a redes de apoyo que tienden a beneficiar a ciertos actores y dejar a otros fuera de los eslabones de mayor valor. La relación entre comunidades de práctica y comunidades epistémicas remite a aspectos técnicos y a problemas de gobernanza del conocimiento, donde se disputa quién define la calidad, la autenticidad y el sentido de lo que se produce.

		El conocimiento tradicional no es solamente un repertorio de saberes heredados generación tras generación, ya que los estudios sobre sistemas productivos rurales coinciden en que se trata de un saber vivo, moldeado en la interacción cotidiana con el entorno.

			

				

				

					

				
Eslabones de la cadena de valor maguey-mezcal,
El Consejo Mexicano Regulador de la Calidad del Mezcal -Comercam- en su Esquema de Evaluación de la Conformidad de la NOM-070 SCFI 199ª de febrero de 2014, refiere cinco eslabones en la cadena de valor maguey-mezcal: viveristas, productores de maguey, productor de mezcal, envasador, comercializador.

			

				

				

					
En este sistema productivo confluyen saberes tradicionales que se caracterizan por su dinamismo y su capacidad de adaptación, precisamente por estar anclado en la experiencia directa de los maestros y maestras mezcaleras, así como en la retroalimentación con la comunidad, como lo ha mostrado Berkes para diversos sistemas de conocimiento local.

			

				

				

					
El proceso de elaboración de mezcal es un sistema híbrido de conocimientos que abarca las etapas de

				
Tahona para moler agave cocido

				
Mazo para moler agave cocido
La

				
Contenedor de cuero para fermentación

				
Tinas de madera para fermentación
La

				
Sistema de destilación ancestral, trabajo de campo, 2026.

				
Sistema de destilación artesanal, trabajo de campo, 2026.
Las etapas de elaboración de mezcal incluyen conocimiento técnico y situaciones de aprendizaje donde el cuerpo, los sentidos y la experiencia validan el oficio de los maestros y maestras mezcaleras. En el corte se interpreta la madurez del agave; en la cocción se observa la intensidad del fuego y el tiempo de reposo según el tipo de maguey; en la molienda se reconoce la textura del agave cocido; en la fermentación se interpretan olor, espuma y temperatura del 'tepache'; y en la destilación se decide mediante experiencia sensorial el momento de separar puntas, cuerpo y colas. En general, este proceso productivo funciona como espacio de transmisión tácita del saber a través de la participación diaria en el trabajo del palenque del mezcal, sin la consulta de manuales, guías o instructivos.

			Los conocimientos asociados a la elaboración de mezcal ancestral y artesanal, se le suele denominar 'conocimiento ecológico tradicional' o 'conocimiento local'. En las últimas décadas ha cobrado atención en campos como la agroecología, la etnoecología y los estudios sobre sistemas socioecológicos.

			

				

				

					
El conocimiento tradicional aparece en la literatura reciente como un recurso estratégico para la sostenibilidad, diversos estudios han documentado cómo los saberes locales contribuyen a la resiliencia de los sistemas agrícolas frente a la variabilidad climática.

			

				

				

					
En los últimos años, las personas productoras de mezcal se han visto en contacto con nuevas exigencias técnicas, certificaciones y mercados que demandan bebidas uniformes, estandarizadas, pero sin perder autenticidad. Estudios recientes plantean la idea de que las demandas del mercado pueden generar tensiones entre la tradición y la estandarización, pero también dan lugar a procesos de hibridación en los que el saber local se reconfigura.

			

				

				

					
El conocimiento tradicional en la cadena de valor maguey-mezcal tiene arraigo en la comunidad, se reproduce a través de la experiencia, la observación y el aprendizaje situado. Su carácter dinámico le ha permitido sobrevivir a cambios profundos en el contexto rural, y hoy enfrenta el reto de articularse con otras formas de conocimiento que han irrumpido en la cadena de valor. Comprender esa articulación requiere prestar atención tanto a los espacios donde ese saber se genera y transmite -los palenques, las familias, las redes locales- como a las nuevas arenas institucionales donde se definen criterios de calidad y se disputan formas legítimas de producción.

		Para entender cómo se produce y se transmite el conocimiento en la producción artesanal de mezcal, es importante alejarse de la imagen del aprendizaje como algo que ocurre únicamente en aulas o mediante manuales. Dentro de los palenques de mezcal, como se observa en la Figura 8, el saber se transmite en la convivencia diaria, a través del diálogo y la observación.

			
				
Trabajo en el palenque de mezcal durante el proceso de producción artesanal
Esta forma de aprender ha sido conceptualizada por Jean Lave y Etienne Wenger como 'aprendizaje situado', un proceso que ocurre cuando las personas participan en comunidades de práctica, entendido como grupos que comparten una actividad, un oficio y, con el tiempo, un repertorio común de significados y habilidades.

			

				

				

					
Las comunidades de práctica son grupos de personas o ecosistemas donde la identidad, el conocimiento y la pertenencia se construyen juntos. Wenger propone que lo que une a sus miembros es la tarea que realizan y el compromiso mutuo, un repertorio compartido de conocimientos y un sentido de empresa común.

			

				

				

					
Desde esta perspectiva, el aprendizaje no consiste únicamente en recibir información, sino en un proceso de participación que transforma la manera en que la persona se relaciona con la práctica. Barbara Rogoff ha mostrado cómo en muchas culturas indígenas el aprendizaje se da mediante la participación guiada, donde las infancias y las personas aprendices se involucran en actividades significativas junto con personas adultas más experimentadas.

			

				

				

					
El carácter situado del conocimiento se vuelve evidente cuando se observa la toma de decisiones diarias en la producción de mezcal. La fermentación, por ejemplo, es un proceso que depende de la temperatura ambiente, de la cantidad de azúcares, de la limpieza de las tinas y de la experiencia para interpretar burbujas y olores, como dice un maestro mezcalero 'mira cómo huele el tepache'.

			

				

				Entrevista con productor de mezcal de Tlacolula de Matamoros (anónimo por acuerdo de confidencialidad), realizada en enero de 2026.

			23 No hay un manual que pueda anticipar todas las variables, el saber acumulado permite ajustarse a las condiciones cambiantes del entorno, autores como Collins han llamado a este tipo de saber 'conocimiento tácito', aquel que no puede ser plenamente codificado porque se construye a través de la experiencia directa.

			

				

				

					
Las comunidades de práctica también tienen una dimensión generacional, es decir, la transmisión de saberes suele darse de padres a hijos, entre familiares y vecinos que trabajan juntos. Estudios recientes sobre aprendizaje artesanal en contextos rurales han mostrado que estas redes informales son fundamentales para la continuidad de los oficios.

			

				

				

					
En este sentido, desde la perspectiva de Luis Villoro, las comunidades epistémicas se caracterizan por compartir información acumulada, criterios de interpretación y formas de validación del conocimiento dentro de un marco común, bajo esa idea, las personas productoras de mezcal forman espacios donde se transmiten procedimientos, criterios para reconocer la calidad del mezcal, interpretar el comportamiento de los procesos productivos y distinguir prácticas consideradas adecuadas o legítimas. En términos de León Olivé esta diversidad de formas de conocer puede entenderse desde una perspectiva de pluralismo epistemológico, la cual reconoce que distintas comunidades pueden construir conocimientos válidos a partir de experiencias, racionalidades y criterios de evaluación distintos, sin que ello exija renunciar a la posibilidad de diálogo con otros sistemas de conocimiento.

			

				

				

					
Una de las características centrales de las comunidades de práctica es que generan formas de legitimidad interna, lo que cuenta como 'buen mezcal' no lo define un organismo externo, sino el consenso de las personas productoras que comparten la práctica, que se construye en las conversaciones entre palenques, en las degustaciones improvisadas y en la reputación que se gana con los años. Aunque hoy en día existen estándares oficiales de calidad, las personas productoras mantienen sus propios criterios, basados en atributos sensoriales como el olor, el sabor, la 'sensación en boca' o la forma en que el mezcal 'se siente en la garganta'.

			

				

				

					
Actualmente, la cadena de valor maguey-mezcal interactúa con diversas formas de organización del conocimiento, como las normas de la Denominación de Origen Mezcal, los requisitos de los compradores internacionales, los programas de asistencia técnica, entre otros.

			

				

				
Finalmente, las comunidades de práctica permiten la transmisión de conocimientos técnicos, además, en ellas se forjan también identidades y formas de entender el mundo. Ser llamado maestro o maestra mezcalera no es solo saber elaborar mezcal, implica cargar con una tradición y, en muchos casos, asumir un papel de autoridad moral en la comunidad.

			

				

				

					
Los palenques de mezcal han funcionado tradicionalmente como espacios de aprendizaje situado. Sin embargo, en las últimas décadas, la cadena de valor maguey-mezcal ha visto cómo se incorporan otros actores que también quieren definir qué es un mezcal 'auténtico', no se trata solo de compradores o intermediarios, también han aparecido organismos que establecen normas, verifican procesos, emiten certificados y marcan las condiciones para que el producto pueda circular en el mercado formal.

			

				

				

					
En la literatura sobre políticas públicas y sociología del conocimiento, este tipo de redes suele asociarse con el concepto de comunidades epistémicas, entendidas como grupos de expertos que comparten ciertas creencias normativas, marcos cognitivos y criterios de validación, que terminan influyendo en la regulación de un campo.

			

				

				

					
Es importante señalar que no todo actor institucional es por sí mismo una comunidad epistémica. En este artículo se consideran de esa forma a las redes de actores que comparten criterios técnicos de validación, lenguajes especializados y capacidad de incidir en la definición de políticas públicas sobre la cadena de valor maguey-mezcal. Esta precisión permite distinguir entre la simple participación en la cadena de valor y la capacidad para producir criterios de legitimidad sobre lo que debe reconocerse como mezcal, cómo debe elaborarse y en qué condiciones puede circular en mercados formales.

			La idea la acuñó Peter Haas, a principios de los años noventa, al observar cómo redes de científicos incidían en políticas ambientales internacionales,

			

				

				

					

				
Sistema Producto Maguey-Mezcal del Estado de Oaxaca
Las personas que integran estas comunidades las une la convicción de que hace falta estandarizar y certificar, y también la adopción de un lenguaje técnico común: grados de alcohol, parámetros microbiológicos, trazabilidad, denominación de origen e indización geográfica.

			La pieza central de este entramado normativo es la Denominación de Origen Mezcal (DOM), reconocida oficialmente en 1994 mediante la Declaración General de Protección a la Denominación de Origen Mezcal, publicada en el Diario Oficial de la Federación.

			

				

				

					
De acuerdo con la Norma Oficial Mexicana NOM-070-SCFI-2016 (Bebidas alcohólicas-Mezcal-Especificaciones),

			

				

				

					

					 Fuente: elaboración propia con información de la NOM-070-SCFI-2016.

							

						

									

								Categoría

									Descripción

								

									

								Mezcal ancestral

									Se elabora exclusivamente con métodos tradicionales que implican el uso de horno de tierra, molienda manual o con tahona, fermentación en recipientes naturales y destilación en ollas de barro.

								

									

								Mezcal artesanal

									Permite la incorporación de ciertas técnicas y herramientas como el uso de alambiques de cobre y molinos mecánicos, pero exige que los procesos clave sigan siendo manuales o semimanuales.

								

									

							

						Mezcal (industrial)

									Admite métodos de producción a gran escala, incluyendo hornos industriales, fermentadores de acero inoxidable con levaduras controladas y alambiques de columna, lo que permite mayores volúmenes de producción, aunque con un perfil sensorial más estandarizado.

								
La operación cotidiana de la DOM recae en el Consejo Mexicano Regulador de la Calidad del Mezcal (COMERCAM),

			

				

				

					
Distintas dependencias y niveles de gobierno -sin que medie siempre una coordinación clara entre ellos- intervienen en aspectos como la regulación sanitaria, el manejo de recursos naturales o la promoción comercial. La cadena de valor maguey-mezcal está sustentado en distintas normas donde figuran instancias federales del Gobierno de México -la Secretaría de Economía, a cargo de la Denominación de Origen Mezcal; la Secretaría de Agricultura y Desarrollo Rural; la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales-organismos descentralizados y entidades de certificación de la calidad del mezcal. A nivel local, en Oaxaca, la Secretaría de Fomento Agroalimentario y Desarrollo Rural interviene en el acompañamiento a las personas productoras de mezcal, brinda capacitación técnica y participa en el ordenamiento de las plantaciones de agave.

				Los actores gubernamentales generan conocimiento normativo -como la NOM-070-SCFI-2016-, lineamientos técnicos y programas que definen desde su perspectiva qué se entiende por mezcal, cómo debe elaborarse y bajo qué criterios se considera apto para ciertos mercados. En este sentido, esas disposiciones ordenan la producción de mezcal y son determinantes en la construcción de su valor económico y comercial al establecer los criterios bajo los cuales esta bebida artesanal puede circular, certificarse y acceder al mercado formal.

				Las disposiciones normativas introducen formas de legitimación que dialogan con los saberes tradicionales de los palenques de mezcal, aunque a veces entran en tensión, porque el conocimiento gubernamental privilegia la estandarización, la trazabilidad y el control sanitario, y traduce los procesos artesanales a categorías técnicas que sean legibles y entendibles para el aparato regulador. Los marcos de referencia establecidos por los actores gubernamentales moldean la cadena productiva maguey-mezcal, influyen en las decisiones sobre qué y cómo producir, en las estrategias comerciales y, de manera más sutil, en la propia definición de lo que hoy cuenta como un mezcal auténtico.

			Las organizaciones no gubernamentales que participan en la cadena de valor influyen en la gobernanza del conocimiento: Cámara Nacional de la Industria del Mezcal, A.C., Asociación Mujeres del Mezcal y Maguey de México, A.C., Clúster Mezcal de Oaxaca, Academia Sensorial del Agave, Consejo Oaxaqueño del Agave y Mezcal (COAM), Patronato Nacional de la Industria del Mezcal A.C. (PANAIMEZ), Asociación de Maguey y Mezcal Artesanal A.C., Consejo Mexicano Regulador de la Calidad del Mezcal, A.C., PAMFA, A.C., Centro de Innovación y Desarrollo Agroalimentario de Michoacán, A.C., entre otros.

				Estas organizaciones operan como instancias de representación sectorial, al articular demandas de personas productoras, envasadoras y comercializadoras; de mediación técnica, al facilitar capacitación, asesoría, certificación o cumplimiento normativo; de validación sensorial, cultural o comercial del mezcal, al promover criterios de calidad y autenticidad. En conjunto participan en la definición de qué conocimientos son reconocidos y qué prácticas se consideran válidas dentro de la cadena de valor maguey-mezcal.

				Dentro de estas organizaciones tiene relevancia el Sistema Producto Maguey-mezcal del Estado de Oaxaca, dado que dentro de esta cadena productiva asume un papel importante en la articulación de viveristas -producción de hijuelos-, productoras de agave, productoras de mezcal, envasadoras y comercializadoras; además, tiene su reconocimiento explícito en el marco jurídico nacional para operar como un espacio de organización sectorial y como instancia que incide en la construcción de políticas públicas enfocadas al desarrollo económico, social y ambiental de la cadena de valor maguey-mezcal.

				Las organizaciones no gubernamentales han llevado a cabo acciones para difundir conocimiento técnico, crear espacios de formación y abrir oportunidades para las personas relacionadas con la elaboración de mezcal que antes no tenían acceso a estos medios. Los programas de asistencia, certificación o vinculación institucional han actuado como puente hacia redes de conocimiento técnico, al facilitar la obtención de nuevas formas de trabajo, el cumplimiento de estándares y acceso a nuevos mercados. Sin embargo, esa misma capacidad de estructurar la cadena de valor maguey-mezcal tiene otro efecto, puesto que definen criterios de validez, requisitos de certificación y parámetros de calidad que trazan fronteras entre el grupo de personas productoras de mezcal que se quedan casi exclusivamente con las prácticas y saberes tradicionales, y aquel que, con esa base, construye relaciones técnicas. La trayectoria de algunas personas productoras de mezcal logra integrarse y legitimarse dentro de esos marcos, otras quedan desplazadas por la dificultad de traducir sus prácticas a los aspectos técnicos. Por consiguiente, una gran parte de la dinámica actual de la cadena de valor maguey-mezcal, se encuentra en tensión, entre inclusión y exclusión.

				El panorama se vuelve más complejo para las personas productoras de mezcal que tienen como objetivo acceder al mercado formal, puesto que deben cumplir con requisitos normativos adicionales como la certificación orgánica, otorgada por entidades como Certimex, y la de comercio justo, Fair Trade USA o Comercio Justo México. Esas entidades han creado nichos de mercado donde se mezclan criterios técnicos, ambientales y sociales. Aunque estas certificaciones provienen de organizaciones internacionales, también han generado sus propias redes de conocimiento experto local que incluyen personal técnico en agroecología, de auditoría, asesoría, que participan en la producción y validación del conocimiento que se exige.

			En las comunidades epistémicas coexisten distintas facciones con visiones diferenciadas sobre lo que debe ser el mezcal. Por un lado, están quienes enfatizan la estandarización y la trazabilidad como garantía de calidad para mercados globales; por otro, quienes defienden un modelo basado en la diversidad y el reconocimiento de los saberes locales.

			

				

				

					
En la práctica, las personas productoras de mezcal se ven obligadas a navegar en este entramado normativo, técnico y comercial. Un maestro mezcalero que quiera exportar su producto a la Unión Europea debe cumplir con la normativa mexicana y con los requisitos sanitarios y de etiquetado del mercado de destino, que a su vez exigen análisis de laboratorio realizados por entidades acreditadas. Para hacerlo, suele requerir el acompañamiento de personal técnico, de gestoría o instituciones que actúan como traductores entre el conocimiento tácito del palenque y el lenguaje formalizado de las normas.

				En este punto, adquieren relevancia los actores que facilitan la comunicación entre sistemas de conocimiento con distintos lenguajes, reglas y criterios de validación. En la cadena de valor maguey-mezcal pueden ser personal técnico, asesores, académicos, gestores, organizaciones sectoriales o certificadoras que traducen prácticas del palenque en conocimiento comprensible para normas, laboratorios, expedientes de certificación o mercados especializados. Empero esa traducción puede ampliar las capacidades comunitarias cuando fortalece la participación de los maestros y maestras mezcaleras o reproducir la dependencia si concentra la información técnica en actores externos.

				La participación en estas redes no es neutra. Las personas productoras que dominan los lenguajes técnicos y tienen acceso a los procesos de certificación obtienen ventajas significativas en términos de acceso a mercados, financiamiento y legitimidad. Esto ha llevado a hablar de una 'burocratización del saber' que puede marginar a las personas productoras con menos recursos económicos. A su vez, las propias instituciones han comenzado a reconocer la necesidad de incorporar a las personas productoras en los espacios de toma de decisiones. Por ejemplo, en 2022 el IMPI modificó las reglas del Comité Técnico de la Denominación de Origen Mezcal para incluir a representantes de las personas productoras de mezcal, aunque todavía con una representación minoritaria.

				En síntesis, las redes expertas que operan en torno al mezcal constituyen un ejemplo paradigmático de cómo las comunidades epistémicas pueden moldear un sistema productivo. Pero también muestran que estas redes están permanentemente en disputa, no hay un solo conocimiento experto, sino múltiples, y los actores locales buscan incidir en ellos para que sus formas de saber sean reconocidas como legítimas. La relación existente entre comunidades epistémicas y comunidades de práctica no es una superposición de capas, es un campo de negociación donde se define qué producto merece llamarse mezcal, quiénes pueden producirlo y en qué condiciones.

			Diversos autores plantean la idea que en los sistemas productivos tradicionales -como en la elaboración de mezcal artesanal y ancestral- domina un conocimiento de tipo tácito basado en la experiencia de las personas y con arraigo a los valores de la comunidad. De acuerdo con Polanyi, se trata de un conocimiento que todas las personas poseen de manera interiorizada sin poder expresarlo completamente a través de palabras,

			

				

				

					
La relación entre comunidades de práctica y comunidades epistémicas implica la interacción entre distintos actores clave y formas diferentes de construir legitimidad. En el primer tipo de comunidad, como lo plantea Wenger, el reconocimiento se basa en la participación sostenida, la experiencia compartida y la validación interna del grupo;

			

				

				

					
La asociación entre las comunidades de práctica y epistémicas no ocurre en condiciones de igualdad, puesto que la literatura reciente sobre certificación en sistemas agroalimentarios ha documentado que los procesos de estandarización tienden a favorecer a los actores con mayores recursos económicos, educativos o de vinculación institucional. En el caso de la elaboración del mezcal, la necesidad de cubrir costos de certificación, cumplir con requisitos técnicos y gestionar trámites administrativos establece barreras económicas que no todas las personas productoras de mezcal pueden superar o lo hacen con dificultad. De este modo, más que un proceso de modernización, la incorporación de las personas productoras de mezcal a las redes expertas puede entenderse como un mecanismo que reconfigura y dinamiza las jerarquías dentro de la cadena de valor, generando nuevas formas de inclusión y exclusión.

			Esta situación puede abordarse desde la perspectiva del pluralismo epistemológico propuesta por León Olivé y retomada por García Cruz en su planteamiento de innovación intercultural. Desde este enfoque, la producción de conocimiento ocurre en comunidades situadas que comparten criterios propios para la validación de saberes. Siguiendo a Villoro, las comunidades epistémicas se encuentran condicionadas por marcos conceptuales, información acumulada y formas específicas de interpretación que les permiten reconocer determinadas prácticas como válidas. Por consiguiente, las comunidades de personas productoras de mezcal participan en procesos de aprendizaje práctico y generan criterios compartidos para evaluar la calidad del producto, interpretar los procesos de elaboración y transmitir conocimientos entre generaciones. El reconocimiento de esta pluralidad epistemológica permite comprender que los saberes tradicionales y los conocimientos técnicos y científicos son formas distintas de producir y validar conocimiento que pueden entrar en diálogo dentro de la cadena de valor maguey-mezcal.

			

				

				

					
El vínculo entre estas comunidades sugiere un problema de gobernanza del conocimiento, porque involucra procesos de producción, validación y circulación del saber, mediados por distintos grados de autoridad y legitimidad.

			

				

				

					
La articulación entre comunidades de práctica y comunidades epistémicas puede comprenderse en tres aspectos. El primero tiene que ver con la existencia de dos formas diferentes de conocimiento dentro de la cadena de valor, el saber práctico y situado de los palenques de mezcal, y el conocimiento técnico, normativo y comercial de las redes expertas. El segundo se basa en la traducción que hacen los actores clave para convertir prácticas tradicionales en mecanismos comprensibles para normas, certificaciones, laboratorios o mercados. El tercero está enfocado a diferenciar las trayectorias productivas, en el sentido de que las personas productoras que traducen documentan y certifican su práctica acceden a circuitos de mayor valor, en contraste, quienes no cuentan con recursos, asesoría o vínculos institucionales permanecen en mercados locales o dependen de intermediarios.

			La Figura 10 muestra la relación entre las comunidades de práctica, comunidades epistémicas e innovación inclusiva en la cadena de valor maguey-mezcal, la cual depende de los espacios donde se traducen prácticas, se negocian criterios de legitimidad, y se abren o se restringen posibilidades de acceso a mercados formales. En ese sentido, la innovación inclusiva aparece como un resultado que puede fortalecer las capacidades de la comunidad cuando reconoce la diversidad de conocimientos tradicionales y puede reproducir exclusión cuando la certificación, la trazabilidad o la comercialización concentran beneficios en actores con mayor capital económico e institucional.

			
				
Articulación de sistemas de conocimiento en la producción de mezcal
La relación entre ambos sistemas de conocimiento no se limita a una coexistencia pasiva, sino que da lugar a procesos de negociación, reconfiguración y diferenciación de trayectorias productivas. La cadena de valor maguey-mezcal no circula por una sola vía. Por un lado, está el conocimiento que se gesta en los palenques, dentro de comunidades de práctica donde el aprendizaje es situado, la experiencia se acumula en un cuerpo de conocimiento empírico y la legitimidad se gana con los años. Por el otro, existe un conjunto de redes institucionales -dependencias gubernamentales, organismos certificadores, organismos no gubernamentales- que producen y validan conocimiento bajo criterios técnicos estandarizados, sustentados en formas de aprendizaje formalizado y codificado, propias de marcos científicos y técnicos, donde el conocimiento se genera, sistematiza y transmite mediante procedimientos explícitos, normativas y dispositivos de validación institucional. La pregunta que surge entonces es: ¿cómo se articulan estas dos formas de conocimiento en la vida cotidiana de las personas productoras de mezcal? ¿Se reemplaza una por la otra, o asistimos a procesos más complejos?

			La evidencia empírica recogida en los Valles Centrales de Oaxaca sugiere que, más que una transición lineal hacia la formalización, lo que ocurre es una diferenciación de trayectorias. Un primer grupo de personas productoras de mezcal permanece operando casi exclusivamente dentro de comunidades de práctica, venden su mezcal en redes locales o regionales, no han buscado la certificación de la denominación de origen y mantienen sus procesos productivos con escasa intervención de personal técnico externo. Para estas personas productoras, la autoridad sigue residiendo en el conocimiento acumulado por la familia y en el reconocimiento de la comunidad. Esta situación se refleja en testimonios de las personas entrevistadas, como el de un productor de Santiago Matatlán quien argumentaba 'yo aprendí mirando a mi papá y a mis tíos porque todos hacemos mezcal; mi papá no me enseñó con cuaderno; uno aprende mirando y trabajando todos los días'. 
			 
				 
				Entrevista con productor de Santiago Matatlán, realizada en diciembre de 2025 (anónimo por acuerdo de confidencialidad). 
			50 De manera similar, otro maestro mezcalero explicó que 'aquí nadie llega y se hace maestro de un día para otro, la gente ya sabe quién sabe trabajar y quién no'. 
			 
				 
				Entrevista con productor de Villa Sola de Vega, realizada en diciembre de 2025 (anónimo por acuerdo de confidencialidad). 
			51 Estas expresiones muestran que la legitimidad del conocimiento continúa asociada a la experiencia acumulada y al reconocimiento comunitario más que a mecanismos formales de acreditación.

			Un segundo grupo, en cambio, ha establecido vínculos con las redes expertas sin abandonar del todo las dinámicas de sus comunidades de práctica. Estas personas productoras de mezcal han optado por certificar su mezcal, han adecuado sus instalaciones para cumplir con las buenas prácticas de manufactura y han aprendido a manejar la documentación requerida por la Norma Oficial Mexicana NOM-070-SCFI-2016.

			

				

				

					
Hay personas productoras que oscilan entre una y otra lógica según el mercado al que se dirigen o las exigencias de los compradores. También hay quienes han intentado certificarse y han desistido al encontrar los costos o los requisitos demasiado elevados. En palabras de un entrevistado, 'nosotros seguimos trabajando como nos enseñaron antes, pero si quieres vender en la ciudad o para fuera tienes que aprender a llenar papeles, a medir el alcohol, a que te revisen el palenque, es mucho gasto a veces no sale'. 
			 
				 
				Entrevista con productor de Santiago Matatlán, realizada en diciembre de 2025 (anónimo por acuerdo de confidencialidad). 
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			En la práctica, la gobernanza de la cadena de valor maguey-mezcal es un campo de disputa. Por un lado, favorece la estandarización a través de la Norma Oficial Mexicana NOM-070-SCFI-2016 que establece rangos precisos de alcohol, define tipos de mezcal según su elaboración y exige análisis de laboratorio. Por el otro, las personas productoras de mezcal artesanal y ancestral, así como las organizaciones de las que forman parte, han introducido modificaciones en la normativa para reconocer técnicas tradicionales de elaboración de mezcal -utilización del mazo de madera para la molienda en la elaboración de mezcal ancestral, la modificación de los alambiques de cobre-, por consiguiente, se incluyó en dicha norma las categorías de 'mezcal artesanal' y 'mezcal ancestral' con requisitos técnicos específicos de elaboración de mezcal para cada categoría.

			

				

				La distinción entre mezcal artesanal y ancestral fue incorporada en la NOM-070-SCFI-2016 y ratificada en la revisión de 2020.
Sin embargo, la existencia de normas que regulen la cadena de valor maguey-mezcal no garantiza una inclusión efectiva, debido a que los costos de certificación, los requerimientos de asesoría técnica y el cumplimiento de trámites administrativos, frenan principalmente a los pequeños productores y productoras de mezcal. En consecuencia, la relación entre las comunidades de práctica y redes epistémicas es asimétrica, porque las personas productoras que cuentan con más recursos económicos o con acceso a redes de apoyo se posicionan en los circuitos de alto valor agregado, y los que cuentan con menor capacidad financiera y de producción quedan fuera de la certificación y del mercado.

			

				

				

					
En los debates sobre desarrollo rural y sistemas agroalimentarios ha ganado terreno el concepto de innovación inclusiva, entendida como los procesos donde los actores que tradicionalmente han quedado al margen participan en la creación y adopción de innovaciones y se benefician de ellas.

			

				

				

					
La articulación entre comunidades de práctica y redes epistémicas en la cadena de valor maguey-mezcal no sigue una línea recta ni predecible, porque interaccionan diversos sectores con propósitos e intereses diversos. Por un lado, están las tensiones y desigualdades, pero también aparecen formas de creatividad y adaptación que quizás no siempre se reconocen. Las personas productoras de mezcal que siguen trabajando con sus saberes heredados, aunque ahora se encuentran con la necesidad de manejar nuevos lenguajes, de ajustarse a estándares que no siempre son compatibles con sus modos de producción, y de negociar un lugar en un campo institucional que tiende a volverse más denso.

			La relación entre comunidades de práctica y comunidades epistémicas no debe entenderse como una oposición entre tradición y modernización. Debe existir un diálogo, un proceso de adaptación mutua, en el que las prácticas tradicionales incorporan instrumentos, registros o criterios técnicos sin abandonar la base sensorial y comunitaria, mientras ciertos marcos normativos reconocen procedimientos artesanales. Esta adaptación es relevante porque muestra que el conocimiento tradicional no permanece inmóvil frente a la regulación, más bien, se reconfigura en función de las relaciones de poder, los recursos disponibles y la capacidad de los maestros y maestras mezcaleras para influir en los criterios que regulan su actividad.

			Esta articulación puede ser una fuente de gobernanza del conocimiento en la cadena productiva maguey-mezcal, siempre y cuando se construyan puentes que reconozcan la diversidad de saberes -técnicos y heredados- y se diseñen mecanismos de certificación flexibles. Sin embargo, también puede ampliar la brecha de beneficios entre las personas productoras de mezcal cuando los costos de acceso a los sistemas expertos son demasiado altos o cuando las instituciones no logran incorporar la pluralidad de prácticas locales. La comprensión de esta relación es clave para el análisis académico y para el diseño de políticas públicas que busquen sostener tanto la calidad del mezcal como la reproducción de los conocimientos que lo hacen posible.

			La articulación entre ambos sistemas de conocimiento no ocurre de manera espontánea, requiere figuras que funcionen como puente. En ciertos estudios sobre gobernanza del conocimiento se ha llamado a estas figuras 'intermediarios del conocimiento' o 'agentes de traducción'.

			

				

				

					
La labor de estos intermediarios no es exclusivamente técnica, implica, entre otras cosas, acompañar a las personas productoras en el llenado de formatos, ayudar a interpretar disposiciones técnicas y normativas. Pero también realizan la operación inversa, traducen los saberes tradicionales a un lenguaje que las instituciones pueden reconocer. Por ejemplo, han logrado que en la normativa se acepte el uso de ollas de barro, gracias a que documentaron estas técnicas y las presentaron como parte del patrimonio cultural.

		La elaboración de mezcal en los Valles Centrales de Oaxaca no puede comprenderse únicamente como transmisión intergeneracional de conocimiento tradicional, formalización técnica impulsada por las organizaciones o estandarización de la bebida por demanda del mercado. En la cadena de valor maguey-mezcal se encuentra un sistema con dos formas distintas de organizar el conocimiento, las comunidades de práctica, basadas en el aprendizaje situado y la experiencia acumulada, y las comunidades epistémicas, que operan mediante estándares técnicos, certificaciones, marcos regulatorios y sistemas de legitimación del conocimiento. Estas formas de organización del conocimiento no configuran un equilibrio estable pues generan tensiones, negociaciones y disputas entre los actores claves de este, en torno a qué se le llama mezcal, cómo se produce y qué es lo auténtico.

			Las personas productoras de mezcal no son sujetos pasivos que reciben conocimiento experto, han desarrollado diversas estrategias para moverse dentro de ese campo, algunos se mantienen en circuitos locales, sin someterse a la certificación; otros han aprendido a trasladar su conocimiento artesanal al cumplimiento de normas y a documentar procesos para acceder a mercados formales más amplios. En ambos casos, el conocimiento tradicional se ha reconfigurado en su interacción con los marcos institucionales.

			La relación entre ambos sistemas es un asunto técnico y una forma de gobernanza de la cadena productiva maguey-mezcal. Las comunidades epistémicas refuerzan la estandarización y la trazabilidad; las comunidades de práctica defienden la diversidad técnica y una legitimidad que descansa en la experiencia acumulada en los maestros y maestras mezcaleras. Esa tensión es visible en los procesos de certificación, en las reformas a la normativa oficial, y en la manera en que las personas productoras se organizan para fortalecer su resiliencia e intentar incidir en las decisiones que afectan su trabajo.

			La innovación en los sistemas productivos tradicionales no obliga a abandonar los saberes locales, más bien se trata de crear puentes entre diferentes formas de conocimiento, capaces de proponer mecanismos de certificación flexibles que reconozcan la diversidad y abrir procesos de innovación inclusiva que beneficien a personas productoras de mezcal y consumidores. La experiencia de la cadena productiva maguey-mezcal evidencia que esos procesos no son equitativos, puesto que los costos de certificación, la gestión administrativa y la estandarización de la bebida favorecen a los actores con más recursos, mientras que quienes no logran sortear esas barreras suelen quedar al margen.

			El trabajo de campo y la revisión documental realizados confirman que el conocimiento tradicional en la elaboración del mezcal es dinámico y resiliente. El conocimiento en la cadena de valor maguey-mezcal no es un repertorio estático, se ha adaptado a lo largo del tiempo a cambios ambientales, económicos y sociales. Hoy enfrenta el desafío de articularse con un marco institucional diseñado para otros tipos de producción, aunque la capacidad de las personas productoras de mezcal para negociar su lugar en ese marco, y la disposición de las instituciones para abrirse a formas de conocimiento no codificadas, serán determinantes para el futuro de la cadena productiva maguey-mezcal.

			La cadena de valor maguey-mezcal muestra que la gobernanza del conocimiento independientemente de regular una bebida consiste en debatir los criterios mediante los cuales una práctica tradicional es reconocida, traducida, certificada y valorada en el mercado formal. El desafío es construir mecanismos para que el conocimiento tradicional dialogue con el conocimiento experto, así como de mediación que reconozcan la pluralidad de saberes, reduzcan las barreras de acceso a la certificación y permitan que las personas productoras participen en la definición de la calidad, la autenticidad y el futuro de la cadena de valor.

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